Mostrando entradas con la etiqueta tecnología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tecnología. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de abril de 2015

La fragmentación de la información

Con la llegada de Intenet, la información comenzó a fluir a mayor velocidad que nunca. Si antes para estar al día, sin tener que invertir una cantidad considerable, las fuentes más accesibles eran la prensa, la radio y la televisión, lo que obligar a esperar a la tarea de compilación y traducción que estos medios debían llevar a cabo, con la red de redes la situación cambió drásticamente: ya no había que esperar a que otros nos prepararan la información, sino que pasamos a poder obtenerla directamente de la fuente, ¿quieres saber lo que ha comido tu estrella favorita?, hecho, ¿quieres saber lo que se publica en cualquier periódico del mundo?, hecho, ¿quieres seguir día a día el rodaje de un película?, hecho.

A pesar de la inmediatez que ha traído este nuevo medio, también ha traído cambios que tal vez no sean tan agradables y es que la información que ahora abarrota Internet parece estar destinada al consumidor compulsivo de información. Es decir, la mayoría de los sitios están diseñados para un consumo continuo de información, veinticuatro horas al día y siete días de la semana. La mayoría de las apps dan por supuesto que nada nos importa tanto como conocer la última novedad del tema que nos interesa, ya sean deportes, economía o cine, por lo que se sienten con derechos a inundarnos con decenas de notificaciones y mensajes diarios.

Por supuesto, queda la opción de desinstalar estas apps o, por lo menos desactivar sus notificaciones, con lo que pasamos de un extremo a otro, de la notificación constante a la oscuridad informativa. No resulta fácil encontrar un término medio y, si no sigues a diario un sitio informativo, es fácil que te pierdas noticias relevante y, por el contrario, veas numerosas veces repetida la misma noticia desde diferentes puntos de vista.

La información, que antes se digería en porciones más o menos grandes, un periódico, una revista o un programa de radio o televisión, se ha convertido ahora en cápsulas mínimas. Consideramos que hemos visto una noticia tras leer el titular y, tal vez, los primeros uno o dos párrafos. La sensación, en principio, es agradable, como paladear un caramelo, pero con el tiempo este saltar de una a otra noticia breve acaba por resultar un tanto indigesto.



Evidentemente, la solución no radica en volver a los formatos antiguos, que ya han iniciado su inexorable reconversión, sino en avanzar un paso más en la propia concepción de la información que ofrece Internet. Si los agregadores de noticias han demostrado que ya resulta interesante disponer de un solo medio para que nos suministre información, tal vez ahora haya llegado el momento de crear compiladores de noticias, herramientas capaces de adaptar la información exactamente a la dosis que deseamos. Una misma aplicación debería ser capaz de informarnos en dos minutos de todas las noticias que han ocurrido en las últimas veinticuatro horas, como de ofrecernos un resumen de lo más destacado del mismo mes y, esta selección no debería basarse en unos criterios externos, que es como funcionan por ejemplo los periódicos digitales que ofrecen este escalonamiento de información en su portada, sino en las circunstancias personales de cada usuario.

Para acometer acertadamente esta labor, será preciso desarrollar técnicas que permitan dar cuerpo a la información, procesarla para separar lo interesante de lo irrelevante y, aún así, darnos la oportunidad de profundizar hasta el detalle más nimio si así nos interesa o, por lo contrario, conseguir una panorámica que abarque varios años. Y, por supuesto, la presentación debería tener un cuerpo suficiente para captar nuestra atención durante más de los cinco minutos de rigor que el usuario suele dedicar al móvil. A fin de cuentas, con las tecnologías actuales, la información ya no está siquiera en los ordenadores y en los teléfonos móviles, sino también cada vez más en las tabletas y los televisores inteligentes, recuperando en cierta manera el mismo lugar que ocupaba hace años, pero de una manera completamente diferente que puede llegar a ser más interesante que nunca.

jueves, 18 de octubre de 2012

Híbrido tableta-libro electrónico

La fusión de diferentes dispositivos parece ser tendencia en estos momentos. En pocas palabras, los usuarios quieren llevar cada vez menos dispositivos que hagan más cosas. Los reyes de esta moda son, sin duda, los teléfonos inteligentes, que aúnan junto a sus funciones características muchas otras, como de un reproductor musical o las ya casi extintos walk-man con las posibilidades de una cámara digital, hasta el punto de colocar a los fabricantes de cámaras compactas en serios apuros y probablemente conseguirían amenazar a muchos otros dispositivos si no fuera por las cuestiones, todavía no resueltas, de duración de la batería.

No obstante, hay dos dispositivos que conviven en el mercado en un difícil equilibrio, ya que cumplen funciones muy similares y con formatos prácticamente indistinguibles a simple vista: la tableta y el libro electrónico. En principio, las diferencias parecen claras: el libro electrónico emula al máximo las características de un libro tradicional de panel y la tableta debe permitir una mayor interactividad con el contenido, con una velocidad y animaciones que el libro digital aún no puede ofrecer.

Pero, tal como ocurre con los móviles, tal vez esas fronteras no estén tan claras y los avances pueden desdibujarlos aún más. Imaginemos que estamos en nuestro sofá favorito o en un asiento del autobús y, mientras navegamos por Internet nos encontramos un documento o una página web especialmente extensa que preferiríamos leer con mayor comodidad que la que ofrece la pantalla, excesivamente brillante para estos menesteres, de una tableta.

Una tableta que pudiera convertirse en libro electrónico con solo pulsar un botón (ya sea físico o mostrado en la pantalla), encajaría perfectamente en estas situaciones, ofreciendo una lectura más cómoda y, además, ampliando la autonomía del dispositivo, ya que cuando estuviera en modo de libro sería posible relajar los requisitos de interacción y luminosidad de la pantalla. Una posible solución tecnológica sería intercalar, debajo del vidrio protector, dos láminas independientes visibles, una para la tableta y otra para el libro digital.

Tal vez conforme avance la tecnología, sea posible crear tabletas con resoluciones tan espectaculares que no tengan nada que envidiar al inimitable granulado del papel, con duraciones de batería que cuando recarguemos el dispositivo ya hayamos olvidado la última vez que lo hicimos. Sin embargo, por el momento dichas tecnologías parecen bastante lejanas y, tal vez, una empresa que presente un dispositivo que combine estas funciones podría marcar una diferencia en un mercado cada vez más competitivo.

lunes, 23 de agosto de 2010

Una nueva religión

Si hay algo que haga falta actualmente en la sociedad, probablemente sea una nueva religión. Las religiones han acompañado al hombre desde que es civilizado, si no también antes, ya que cumplen a una serie de necesidades que no encuentran respuesta en otros aspectos de la vida.

El problema es que la mayoría de las religiones imponen limitaciones al ser humano que ya no tienen razón de ser. Los avances en todos los campos, tanto sociales como tecnológicos y hasta filosóficas han hecho que muchas religiones pierdan su razón de ser. Sería necesario recoger los aspectos positivos de las religiones y aglutinarlos en un nuevo sistema religioso adaptado al hombre moderno.

La mayoría de las religiones coinciden en una serie de pilares, que efectivamente señalan costumbres que se podrían considerar espiritualmente o mentalmente higiénicas o sanas. Por ejemplo:

1. El agradecimiento.

La bendición de la mesa se ha trivializado y se ha convertido en una obligación religiosa, cuando no ha desaparecido completamente. No obstante, es cierto que dar gracias de lo que se tiene y de la gente que nos rodea es un acto positivo que nos hace sentir mejor.

2. El recogimiento.

Tanto si se denomina oración o meditación, la concentración de la consciencia en el interior es una práctica positiva que permite afrontar la realidad de manera más clara. No obstante, se trata de una práctica que es necesario enseñar a desarrollar para que no se convierta en un rato de aburrimiento obligado.

3. Los acontecimientos sociales.

El nacimiento de un nuevo miembro de la comunidad, su mayoría de edad o su enlace con un ser querido son acontecimientos que es hermoso compartir con los demás. No obstantes, los rituales podrían dotarse de una mayor significación respecto a valores más avanzados.

4. La relación con los demás.

Desear el bien de otra persona, tanto si se trata de un ser querido como de un desconocido, es una conducta positiva que, tal vez, resulta más beneficiosa para el emisor de dichos deseos que para el receptor. Con frecuencia olvidamos lo que queremos a la gente que nos rodea y este tipo de rituales nos permiten recordarlo sin tener que perderlos. No obstante, es preciso no convertir esta conducta en un acto mecánico.

En la base de todo esto, deben estar unos valores que, aunque no han cambiado apenas en su esencia, sí han cambiado en su expresión. Dado que las religiones se centran con frecuencia en las expresiones de los valores que en los valores propiamente dichos, muchas de estos consejos han perdido su sentido.

Por último, una nueva religión tendría que tener multitud de lecturas. Para triunfar, una religión no puede estar dirigida exclusivamente a un perfil. Una religión debe ofrecer historias que los niños puedan comprender, consejos que la gente normal pueda aplicar y misterios en los que los eruditos puedan profundizar.

Tal vez, y esto sería realmente una novedad, haya llegado el momento de diseñar científicamente una religión, crearla en un laboratorio y ensayarla hasta que este lista para difundirla y conseguir que la sociedad quede libre de las trabas de religiones que han quedado obsoletas y tienen más de expresión artística que de realidad.

Lo cual, por cierto, también sería un argumento curioso para un libro o una película...