martes, 5 de junio de 2018

Experiencias en el yo cuantificado (ii): Aplicaciones, aplicaciones

Tras haber comentado en una entrada anterior algunos de los beneficios de la autocuantificación, junto con varias conclusiones iniciales, ahora veremos varias aplicaciones útiles para registrar esta información.

Aplicación: Momo
Plataforma: PC (todos los SO)/Android
Sirve para registrar... prácticamente todo: gastos, recordatorios, películas, libros, listas, etc.
Te gustará si... no sabes todavía lo que quieres registrar o quieres registrar información difícil de clasificar.



Momo viene a ser una navaja suiza en el mundo de la cuantificación, ya que almacena todo lo que le dice el usuario y permite luego recuperarlo con facilidad, ya sea mediante una interfaz tipo buscador o presentando los datos en forma de calendarios, gráficos o listas. No obstante, destaca especialmente en los campos para los que ha sido especialmente preparado. Por tanto, si quieres llevar un registro de la ropa que llevas cada día, puede servirte, pero si lo que te interesan son gastos o recordatorios, te sorprenderá lo fácil y potente que es. Además, dado que el motor de conversación que utiliza está en continuo desarrollo y tanto las reglas que utiliza como la información que guarda pueden ampliarse, tiene un gran potencial.

Aplicación: Gymzilla
Plataforma: PC (todos los SO)/Android
Sirve para registrar... datos sobre entrenamiento físico, el tiempo que destinas a practicar deporte, los pesos y las repeticiones de tus series, tu peso, las calorías de tu metabolismo, etc.
Te gustará si... te interesa principalmente el deporte y, de paso, quieres una aplicación que te ayude a practicar ejercicios en casa.


Gymzilla se centra únicamente en el entrenamiento físico, pero no solo permite registrar cualquier tipo de datos sobre el estado física, sino también te ayuda a realizar tus ejercicios en casa. Aparte de las sesiones predefinidas que incluye (por ejemplo, para estirar la espalda o ponerte en forma en siete minutos), incluye opciones para definir tus propios ejercicios. Para amenizar los ejercicios, puedes elegir la música que suena.

Aplicación: rNombre
Plataforma: PC (todos los SO)
Sitio web: (disponible a petición)
Sirve para registrar... los discos que escuchas.
Te gustará si... te gusta escuchar música en mp3, pero te vendría bien ayuda para elegir el disco que quieres escuchar.


rNombre comenzó siendo solo un programa para cambiar los nombres de las canciones, pero ha evolucionado y ahora te ayuda a elegir qué disco quieres escuchar mediante un sistema muy sencillo: solo tienes que asociar a cada disco una serie de palabras clave, ya sea sobre su estilo o sobre el estado de ánimo o la situación en la que te apetece escucharlo. Luego basta con buscar por esas palabras clave y te sugerirá discos de manera aleatoria. Además, como registra cada disco que escuchas, te será más fácil localizar esas joyas escondidas de las que nunca te acuerdas.

Aplicación: Gazpacho & Co.
Plataforma: PC (todos los SO)
Sitio web: (disponible a petición)
Sirve para registrar... recetas de cocina, hábitos de alimentación, información nutricional.
Te gustará si... quieres ordenar tus recetas, mejorar tu alimentación y, tal vez, perder algo de peso o ganarlo.


Aunque su objetivo principal es organizar recetas de búsqueda y facilitar su búsqueda, Gazpacho & Co. incluye una función de diario con la que puedes anotar lo que comes a diario. Si utilizas todas sus funciones, puede acompañarte durante todo el ciclo de alimentación: planificar las comidas de una semana teniendo en cuenta los aportes nutritivos y el precio de los ingredientes, crear la lista de la compra para el supermercado, elaborar paso a paso la receta y registrar lo que has comido. Al estar interconectada la información, basta introducirla una vez para aprovecharla al máximo.

Aplicación: Tardificador
Plataforma: PC (todos los SO)
Sitio web: (disponible a petición)
Sirve para registrar... tareas diarias pendientes y el uso del tiempo.
Te gustará si... te cuesta terminar todas tus tareas o quieres saber exactamente a qué dedicas ese tiempo que parece evaporarse.


La filosofía de uso del Tardificador es muy sencilla: una lista de tareas pendientes y una hora límite en la que debes haberlo terminado todo. La clave está en que al añadir cada tarea hay que estimar el tiempo que tardarás, lo que te permite saber con bastante precisión cuánto tiempo te sobra (o te falta) en cada momento. Y si lo que quieres es un estudio detallado del tiempo, el Tardificador te permite anotar el momento de comienzo y fin de cada actividad.

domingo, 29 de abril de 2018

Reto a la IA: Pasear por las películas

Los últimos avances en inteligencia artificial están consiguiendo que lo que antes era imposible ahora sea tan solo difícil. Aún así, no ha llegado aún el momento en que baste imaginar algo para que una máquina lo convierta instantáneamente en realidad. Sigue siendo necesario descomponer una idea en diversos subproblemas que luego habrá que resolver por separado, teniendo siempre en cuenta cómo encajarán dichas soluciones en el modelo final. Aunque la mayoría de los esfuerzos se están centrando en iniciativas capaces de mejorar nuestra vida cotidiana, también es divertido imaginar ideas locas que, por escasa que sea su aplicación práctica, sean capaces de asombrarnos.

Por ejemplo, hace poco volví a ver Passengers, una de mis películas favoritas de los últimos años, donde brillan tanto la trama y las interpretaciones como una producción excepcional, en particular el diseño de la nave donde se desarrolla la historia. Mientras los protagonistas la recorrían pensé lo increíble que sería poder caminar por aquellos mismos corredores y visitar aquellas espléndidas salas.


Gran parte de la tecnología que se necesitaría para ello, ya está disponible. Basta con crear los modelos tridimensionales en un programa como Blender, para luego convertirlos a un formato que pueda reproducirse con unas gafas de realidad virtual y sería posible descubrir de primera mano la Avalon.

El único problema es que crear los modelos tridimensionales requiere un tiempo y una cantidad de trabajo mecánico que tal vez no compense la experiencia final. Por fortuna, a los ordenadores se les da muy bien el trabajo mecánico y últimamente son cada vez más hábiles con las tareas que no son tan mecánicas como parecen. Empieza a entrar ya dentro de lo factible que un ordenador, a partir de un fotograma, genere un modelo tridimensional del entorno que se le represente. Básicamente, los pasos serían:
  • Detectar la perspectiva y las características geométricas básicas de la escena: esta tarea la realizan ya con bastante precisión las aplicaciones que integran modelos tridimensionales en fotogramas reales. Por ejemplo, para integrar personajes creados por ordenador en las películas.
  • Determinar los objetos presentes en el fotograma: por ejemplo, si hay sillas, cuadros, lámparas, etc. También en este campo se han logrado grandes avances.
  • Buscar los modelos semejantes posibles a los que se han detectado: por ejemplo, si en el fotograma aparece una silla, pero aparece muy pequeña, no tendríamos información suficiente para representarla en detalle. Sin embargo, si tenemos un catálogo de sillas (con diversos elementos variables, como el color de la estructura y el tapizado), podríamos representar el modelo que mejor encaje en lo que se aprecia en el fotograma con total precisión.
Por tanto, lo complicado no sería tanto crear un entorno virtual a partir de un fotograma, para lo que ya existen tecnologías que podrían hacerlo, como combinar la información procedente de varios fotogramas para crear la reproducción más perfecta posible. Continuando con el ejemplo de la silla, tal vez en un fotograma se pueda distinguir bien cuál es la distribución de sillas, pero no sus detalles concretos, mientras que en otro ocurra lo contrario, no se vea su distribución, pero se vea muy bien los detalles de una silla.

Aparte de lo emocionante que podría ser recorrer el Rick's American Café de Casablanca, entre muchos otros lugares emblemáticos del cine, esta tecnología también tendría aplicaciones prácticas, como por ejemplo, la redecoración de nuestro hogar o el diseño de interiores. No obstante, dado que sus aplicaciones directas no parece que ofrezcan beneficios que justifiquen la inversión que requiere tal sistema, habrá que esperar a que aparezcan sistemas más avanzados, de los que esta aplicación no sea más que un subproducto, de la misma manera que Internet no se creó para ver vídeos de gatitos, aunque sea algo que sus usuarios hagan con frecuencia.

sábado, 21 de abril de 2018

Juegos para niños / Juegos para niñas

El sexismo de ciertos juguetes infantiles recibe con frecuencia críticas por parte de los defensores de la igualdad de los sexos. Muchos padres arrugan la nariz cuando alguien sugiere regalarles a su hija lo que tradicionalmente eran juguetes femeninos, bebés, muñecas, cocinitas y disfraces de princesas. Siguiendo esta tónica, hace poco una usuaria en Twitter arremetía ferozmente contra la distinción sexista en los libros de Tea Stilton, que al parecer están repletos de hadas y unicornios, en lugar de las aventuras y descubrimientos de los libros destinados al público masculino.


Aunque es cierto que en los juguetes destinados a las niñas hay una sobredosis de purpurina y colorines que habría que compensar, resulta extraño que pocos consideren la cuestión desde el otro punto de vista. Regalarle una muñeca a una niña es un gesto machista, pero no regalársela nunca a un niño no lo es. Sobran arcoiris en los libros para niñas, pero no faltan en los libros para niños.

Tal vez lo más contraproducente del feminismo que se está publicitando ahora es que, bajo una superficie de igualdad, solo se vende una normalización por lo masculino. Los valores típicamente masculinos están más en boga que nunca, trabajo, ambición, adrenalina, mientras que los valores típicamente femeninos, familia, casa, placidez, tienen ahora mala fama. No cabe duda de que la división por sexos tan radicalmente practicada durante siglos presenta unos problemas que ha llegado el momento de corregir, pero no debería ser necesario despreciar la mitad de la cultura que nos ha hecho llegar hasta dónde estamos.

Lo más interesante de los juegos y los juguetes es que son las herramientas que nos preparan para lo que seremos de mayores. No hay tanta diferencia entre un niño que se divierte con un cochecito metálico y juega en el equipo de fútbol del colegio y un adulto que compra una revista de coches y ve los partidos por la noche en su casa. Resulta muy revelador lo mucho que a algunos niños les gustan los juguetes que representan las profesiones de sus padres. Si su padre tiene un tractor o un camión, tal vez ese se convierta en su juguete favorito y, si a le gusta la música, es posible que se entretenga aporreando las teclas de un piano.

Por tanto, dada la importancia que tienen los años de juegos en prepararnos para nuestra vida adulta, es más fácil comprender que a un hombre de treinta años le resulte extraño cuidar de un bebé cuando no tiene ningún referente para hacerlo y, lo que es aún peor, nunca aprendió el lado divertido que tiene hacerlo. La lucha por la igualdad merece la pena, pero su objetivo no debería ser la masculinidad travestida que predican muchos supuestos defensores del feminismo, sino un mundo lleno de aventuras, bebés, descubrimientos y unicornios donde todos puedan disfrutar de lo mejor de lo que antes eran dos mundos separados.

viernes, 30 de marzo de 2018

Experiencias en el yo cuantificado (i): Una cuestión de transparencia

Registrar tu vida personal en formato digital es un poco como pegar cromos en un álbum que no sabes muy bien de qué va ni para que sirve. Algo a medias entre el coleccionismo y el síndrome de diógenes digital que nos impide borrar una foto por desenfocada que esté. Aunque ya llevaba un tiempo redactando planificaciones y listas, incluida una interfaz web que era un claro predecesor de lo que estaba por venir, no fue hasta que empecé a desarrollar y utilizar Néstor que empecé a registrar información con regularidad.


Néstor pretendía ser un sistema que utilizaba una interfaz de lenguaje natural para permitir guardar tipo de dato. Por ejemplo, en aquellos momentos tenía un calendario que me servía de agenda, también una hoja de cálculo con los gastos, otra con las recetas, pero... ¿dónde podía guardar los datos inclasificables? La talla de una prenda, los libros que quería leer, el lugar donde había guardado unos documentos oficiales... aunque era posible crear un archivo para cada cosa, la estructura final sería tan complicada que acabaría olvidando dónde había colocado el archivo con las cosas que quería recordar.

Néstor solventaba este problema de una manera muy sencilla: una interfaz de conversación básica destinada a guardar datos concretos (como compras, películas, libros, etc.) y luego la total libertad de poder decirle lo que quisiera sabiendo que lo recordaría siempre. Para recuperar la información, podía buscar eficazmente en su base de datos con un buscador similar al de Google. Ahora, cuando quiero registrar algo, solo tengo que abrir este ayudante y decirle lo que quiero que recuerde, con la ventaja añadida de que incluye varias funciones gráficas para resumir y mostrar los datos de diferentes maneras.

Aún así, para registrar datos hay que tener cierto temperamento. Tal vez sea emocionante registrarlo todo, pero cuando pasa el tiempo y tienes un montón de tareas pendientes, ya no apetece tanto registrar lo que te has gastado en la panadería o la película que viste anoche. Si he continuado ha sido en parte porque lo he considerado como un experimento con el que recabo datos valiosos. Otro factor que me ha animado a continuar es que algunos de los datos que he recogido han resultado ser muy útiles.

De hecho, la primera conclusión del experimento es que es fundamental considerar los beneficios de los datos que se registran. La mayor parte de la información que introduzco se refiere a las películas que veo y el dinero que gasto por la sencilla razón de que esos datos me facilitan elegir las películas y controlar los gastos. Por ejemplo, también podría registrar datos sobre la alimentación, pero esa parte no me ha resultado ser tan interesante y es porque la ingente cantidad que información que tendría que registrar no se ve recompensada con ningún beneficio claro.

También es importante señalar que no siempre es necesario realizar un seguimiento a largo plazo. Muchos de nuestros comportamientos se repiten tras un intervalo relativamente corto. Por ejemplo, continuando con el tema de la alimentación, basta llevar a cabo un registro detallado de las comidas durante dos o tres semanas para hacerse una buena idea de nuestro patrón de alimentación. Algo similar ocurre con nuestra gestión del tiempo: si estudiamos al detalle durante unas pocas semanas lo que hacemos, sabremos por qué tenemos la sensación de no tener nunca tiempo para nada. Un último ejemplo, aunque es fácil realizar un control general de gastos puede ser interesante hacer un estudio desglosado de los gastos en determinada categoría (por ejemplo, alimentación).

La última y más importante conclusión es que el seguimiento de los datos debe hacerse de la manera más transparente posible. A ser posible, no deberíamos darnos cuenta de que los datos se están registrando. Por ejemplo, si utilizamos un reproductor de música para escuchar música, ese reproductor podría ocuparse de registrar la información correspondiente. Gran parte de esta información ya se registra de hecho, por ejemplo, cuando escuchamos música en Spotify o vemos una película o una serie en Netflix, aunque paradójicamente no seamos nosotros quien la emplea, sino las empresas de las que somos clientes. Algo similar ocurre con nuestros pagos con las tarjetas de crédito. Para otro tipo de interacciones esta posibilidad ni siquiera existe o requeriría una tecnología que todavía no se ha desarrollado, como unas gafas inteligentes que reconocieran a nuestros interlocutores.

Conforme avance la tecnología y las posibilidades de personalización se multipliquen, la información sobre lo que hacemos en cada momento del día cobrará mayor importancia y aprenderemos a emplearla para facilitar nuestra vida y conseguir los objetivos que nos propongamos. Aunque todavía no ha llegado a popularizarse esta tecnología ya hay algunas opciones que a cambio de un poco esfuerzo pueden aportarnos una nueva visión de lo que hacemos y cómo somos.

sábado, 17 de febrero de 2018

Amorología

Tal vez como consecuencia de la tendencia al individualismo de las últimas décadas, la sociedad se ha lanzado a una búsqueda de la felicidad por todo tipo de vías. Ya sea a través de la carrera profesional, la realización personal o la meditación espiritual, nos hemos centrado centrado en la felicidad individual y lo que tenemos que hacer o dejar de hacer por conseguirla.


No es mal punto de partida, porque sentirse a gusto con uno mismo es una base imprescindible para vivir una vida que merezca la pena. No obstante, tal vez haya que empezar a pensar en cambiar el enfoque y, en lugar de centrarnos en lo que nos hace felices, reflexionar sobre lo que podemos hacer para que los demás sean felices.

No es algo fácil y hay todo tipo de opiniones. Hay quien cree que para hacer feliz a otra persona basta con complacerle en lo que nos pida, pero también hay quien cree que sabe lo que es bueno para la otra persona y se obstina en dárselo, a pesar de que intente negarse: cubrir a alguien de regalos, obligarle a comer verduras, sin duda son dos maneras radicalmente diferentes de demostrar nuestro afecto por alguien.

Probablemente ambas sean correctas. Como siempre, el problema está es discernir en qué momentos y con qué intensidad comportarnos de cada manera. Para complicarlo todo, no hay una única solución válida para todos. Habrá quién necesite algo y quien necesite lo contrario. Para aprender a distinguir, podría ser útil diseñar y llevar a cabo experimentos que no se centren en lo felices que somos, sino en cómo las acciones de los demás influyen sobre nuestra felicidad, a corto y a largo plazo. Tal vez así podamos empezar a saber la frecuencia con la que son necesarias palabras de afecto, cuándo debemos consolar y cuándo debemos retar.

Aparte de la aplicación directa que estos hallazgos tendrían sobre las relaciones interpersonales, estos conocimientos son particularmente útiles ahora que las interfaces entre ordenadores y seres humanos están a punto de dar un salto exponencial. Durante muchos años, hemos creado ordenadores cuyo único cometido era cumplir literalmente nuestras órdenes. Ahora, con los avances en inteligencia emocional, quizás no sea posible todavía crear ordenadores con inteligencia propia, pero tal vez sí podamos empezar a pensar en ordenadores que nos traten de manera inteligente. Algunas de estas tecnologías ya empiezan a descollar, como los algoritmos que nos sugieren libros, películas o canciones y que empiezan a parecerse a un amigo al que le pedimos consejo. Pero es solo el comienzo, dentro de poco, será posible crear sistemas que nos animen a ir a al gimnasio o dejar de fumar, aunque no nos apetezca y, aún más difícil, deberían ser lo suficientemente inteligentes como para no interferir tanto en nuestra vida que dejemos de ser autónomos. Al igual que todas las personas realmente valiosas de nuestra vida, nos apoyarán, pero sin quitarnos independencia. Y si aspiramos a que los ordenadores nos traten como si nos quisieran, no cabe otra que aprender a hacerlo.

lunes, 22 de enero de 2018

¿Cómo puntuar una película?

¿Has puntuado alguna vez una película? Si utilizas FilmAffinity, Imdb o cualquier otra página web sobre cine, tal vez te habrás encontrado algún menú para valorar una película. A veces, es muy fácil tomar una decisión pero con frecuencia surgen dudas.


En mi caso, puntúo las películas con una aplicación que utiliza estos datos para recomendarme las películas que tal vez me apetezca repetir, por lo que he ido refinando mis criterios con los años.

Una conclusión, interesante por lo inesperada, a la que he llegado es que lo buena que me parece una película y lo que me apetece repetirla son dimensiones enteramente diferentes. Por ejemplo, «La llegada» me parece una película excelente y, sin embargo, no he vuelto a verla. Por el contrario, «San Andrés» o «En el ojo de la tormenta» son películas a las que es fácil encontrarles defectos pero, oye, no sé qué tienen que cada poco me apetece volver a verlas.

No obstante, dado que evaluar por separado la calidad de una película y lo que apetece repetirla complicaría el asunto, he optado por seguir aunando ambas cualidades en una. Tras varios años puntuando películas y, con frecuencia, dándome cuenta de que había cometido errores, he llegado a los siguientes criterios para definir la puntuación con la que valoro una película:

4: Películas que prefiero no terminar. Aunque utilizo una escala del 1 al 10, no suelo otorgar ninguna calificación inferior al 4, ya que no creo tener derecho algo a valorar una película que no he visto completa. Por tanto, prefiero ser optimista y darle ese 4 mínimo, por si en la parte que no he visto acumuló los méritos. Afortunadamente, pocas películas se ganan una puntuación tan baja: solo 24 en los últimos años. Ejemplos: «Plan de fuga», «Monster trucks», «Mi amigo el gigante».

5: Películas que me interesan lo justo para verlas terminar. Tal vez sea porque la trama es interesante o la ambientación es agradadable, quiero saber lo que pasa al final. Eso sí, una vez terminada espero no volver a verla jamás. Es una categoría que concedo frecuentemente, pero no demasiado: 100 películas. Ejemplos: «El bar», «Una noche de venganza», «Espías desde el cielo».

6: Películas que están bien, pero que no me emocionan. Películas bien rodadas, con buenos actores y un guión razonablemente interesante, que no me planteo abandonar en ningún momento, pero con las que no siento ninguna conexión especial. No ocurrirá nada si las olvido, pero no llego a lamentar haberlas visto. Aquí abundan las películas que tenía ganas de ver y me decepcionaron. También las películas con un punto de partida interesante, pero desaprovechado. Es la categoría más frecuente: 294 películas. Ejemplos: «Verónica», «Warcraft», «Jason Bourne»

7: Películas que merece la pena verlas más de una vez. Entramos en la parte interesante de la lista. Películas que son malas pero tienen cierto encanto. Tienen fallos, tal vez sean un poco absurdas y a veces el interés decae o no llega a levantar nunca, pero dejan un buen recuerdo y, de vez en cuando,  apetece repetirlas. Es la segunda categoría más frecuente: 262 películas.

8: Películas realmente buenas. Películas de las que te acuerdas con frecuencia. Son películas que, por cualquier motivo, aportan algo y al terminar de verlas dejan cierta sensación de euforia. Son películas que te acompañan varios días y estás deseando volver a ver. Entre otras, abundan aquí las continuaciones de películas buenas que cumplen lo que prometían, pero sin genialidades. La cuarta categoría más frecuente: 87 películas. Ejemplos: «Air force one», «Crazy, stupid, love», «Una noche fuera de control».

9: Rozando la perfección. Tal vez lo único que les separa de la máxima puntuación, es que no son particularmente originales. Aunque no terminan de tener esa magia que te hace desear verlas una y otra vez, tienen algo que las convierte en un éxito seguro cada vez que las ves. Una categoría no muy frecuente: 29 películas. Ejemplos: «Paul», «La proposición», «Espías».

10: Obra maestra. La perfección. Todo se confabula para crear una auténtica joya. Actores, trama, ambientación. Son películas en las que no solo te ves reflejado, sino que también encuentras inspiración para el futuro. A veces te dan ganas de que pasen los días para olvidarlas, aunque sea un poco y poder descubrirlas de nuevo. La categoría menos frecuente: 10 películas. Ejemplos: «Mentiras arriesgadas», «El quinto elemento», «Noche y día», «Indiana Jones y la última cruzada», «Passengers».

Por supuesto, la valoración de una película depende del momento. Hay películas que tienen sus altibajos conforme pasa el tiempo y hay películas que van mejorando o decayendo. No obstante, espero que estos criterios sirvan como punto de partida a la hora de tomar una decisión sobre una película y me encantaría qué os parecen y si utilizáis otros a la hora de realizar una valoración.

jueves, 27 de julio de 2017

La invasión de las secuelas, precuelas e intercuelas

No hay más que echarle un vistazo a la lista de las películas que más han recaudado durante los últimos años para comprobar que la cartelera está plagada de películas que intentan aprovechar el filón de cualquier éxito. En ocasiones, cuando una saga literaria estaba a punto de agotarse, se ha llegado al punto de dividir la última entrega en dos partes, como ocurrió con «Crepúsculo» o «Harry Potter», por ejemplo.


Con tanta secuela, se escucha con frecuencia que a los guionistas de Hollywood se les ha acabado la imaginación. No creo que sea así y probablemente cada día lleguen a los despachos de los estudios cientos de guiones con ideas originales que acabarán en la papelera.

Por tanto, la cuestión no es tanto si los guionistas siguen siendo capaces de tener o no nuevas ideas, sino por qué tienen tanto éxito en el público. Y no vale la excusa de que estas películas tienen éxito porque no hay otra cosa que ver, porque es fácil mencionar un montón de títulos que, a pesar de contar con un reparto de lujo y una promoción de primera clase, fracasaron estrepitosamente en la taquilla. No basta con estrenar cualquier cosa para ganarse al público. Imaginemos que un productor tiene que elegir entre dos películas, una es una secuela de una saga y la otra es un guión totalmente original. La primera, según los estudios, tiene prácticamente garantizada una recaudación que superará ampliamente los costes de producción y la segunda, tal vez sea un gran éxito, pero tal vez sea un enorme fracaso. ¿Qué guion elegirá el productor?

Por tanto, la cuestión que realmente hay que preguntarse es ¿qué le ocurre a la generación actual que es incapaz de resistirse al hechizo de la continuación de una película que ya les gustó antes? Tal vez nos quejemos de que ya vamos por el tercer Spiderman de los últimos veinte años y ya hemos perdido la cuenta de Batmans que hemos visto en la gran pantalla, pero de todas maneras pagaremos religiosamente la entrada para ver la película, aunque solo sea para criticarla a la salida.

No es fácil encontrar la causa por las que las mismas ideas consiguen tener siempre este efecto hipnótico. Tal vez sea por el auge durante los últimos años de géneros, la acción y la fantasía, que se adaptan particularmente al formato episódico. Resulta fácil encontrar otra historia para Supermán, para lo que basta con inventarse un villano diferente y una nueva amenaza. Sin embargo, es probable que la causa sea menos evidente. Tal vez el bombardeo de la información al que no somete internet nos hace que corramos a refugiarnos en historias y personajes ya conocidos. O quizás seamos una generación tremendamente mitómana que es capaz de perdonarle todo a sus ídolos de juventud. Incluso es posible que esta repetición de argumentos no sea más que otros signo de inmadurez de una generación de Peter Panes que se niegan a crecer y, quizás, la invasión de secuelas solo arreciará cuando tomen las riendas los hijos de esta generación.